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ASOCIACIÓN DE VAPEADORES RECLAMA LA LEGALIZACIÓN DEL VAPEO EN URUGUAY

Aunque no hay números precisos, el vapeo es una práctica cada vez más extendida en Uruguay. El Ministerio de Salud Pública explica por qué no considera legalizarlo aunque sea igual de nocivo que el cigarrillo.


Vapear es el nombre que se le da a la práctica de aspirar un vapor producido por un dispositivo electrónico mediante una resistencia que calienta un líquido para que se expida el vapor. La comercialización de estos productos está prohibida desde el año 2009 y eso no ha cambiado.

Pero estos no son los únicos dispositivos electrónicos para fumar, otros productos de tabaco calentado sí quedaron habilitados por decreto en 2021 bajo la misma regulación que ampara a cualquier producto de tabaco.

La Asociación de Vapeadores del Uruguay (Asovape) se creó poco después, a mediados de 2022, con el aval del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). A menos de un año de su funcionamiento oficial —y a tres años de haber comenzado a funcionar sin marco regulatorio—la organización reclama que se legalice el uso de vaporizadores líquidos.

El presidente de esta asociación, Washington Miraballes, asegura estar preocupado por haber constatado el incremento del uso de dispositivos descartables que «se tratan como una moda», y que se hicieron muy populares en Uruguay durante el verano.

Pero los vaporizadores no son una moda ni una novedad. «Los dispositivos electrónicos que calientan líquido fueron prohibidos por un principio precautorio en el año 2009», aseguran desde el Ministerio de Salud Pública (MSP). En aquel entonces, eran dispositivos que habían aparecido en el mercado mundial y se desconocían sus riesgos, por lo que el Estado definió que era preferible que no entraran al país. «Ya que no hay acá, más vale que no entren porque no sabemos los daños», aseveraron desde la cartera a El Observador.

Según Miraballes, en la práctica, la falta de control lleva a que se desconozca el origen de la oferta de vaporizadores: en qué estado llegan al país, quién los fabrica o si acceden menores de edad a adquirir el producto.

«Hoy vas a la feria y encontrás productos que pueden estar al rayo del sol a 50° y eso no da ninguna garantía, puede alterar el líquido, alterar la batería, es un dispositivo electrónico y hay que tener ciertos cuidados», opina Miraballes y reclama: «El Estado tiene que tomar medidas porque se ha formado un mercado ilícito que no es bueno para nadie».

Sin embargo, desde el Ministerio de Salud Pública enfatizan que «está en carpeta que se mantenga prohibida su comercialización» bajo el mismo criterio que ha regido hasta ahora, aunque haya más conocimiento del producto y de sus riesgos. «Siguen estando prohibidos porque son productos de los cuales se sabe que causan daño y si no están habilitados, ¿por qué habilitarlos? La pregunta es al reves: ¿Cuál sería el motivo para habilitar un producto que sabemos que causa daños», afirmaron desde el MSP y recalcaron: «Se ha evaluado que lo mejor para la población es que sigan estando prohibidos porque no hay ninguna evidencia que demuestre que un dispositivo es menos dañino que otro».

En la visión de Asovape, el vapeo se está empezando a ver como una moda incluso en menores de edad, «por eso sería bueno que el gobierno pudiera regularlo y hacer campañas de un consumo responsable así como hace contra el tabaco”, destaca el presidente de Asovape. Sin embargo, para el MSP no hay dudas: lo mejor es que el producto no ingrese al país.

Un mercado por fuera de la norma
En la práctica existe una amplia variedad de vaporizadores. Los más frecuentes son los descartables que incluyen una cápsula con líquido en su interior. Su precio varía en función a la cantidad de puff—el equivalente a pitadas en los cigarrillos—, «cuantos más puff o disparos tengas es que hay más líquido o una batería de mayor tamaño», explica Miraballes. Por otra parte existen otros que no son descartables que pueden durar años, estos últimos valen desde $ 2.000 (hay de hasta $ 7.000) y requieren un mantenimiento, por ejemplo, comprar resistencias y el líquido para recargarlos.

«Quienes lo están vendiendo, están infringiendo la ley», recuerdan desde el Ministerio y aseguran que actualmente se realizan fiscalizaciones en las que se multa a los comercios que se descubre, pues la comercialización suele hacerse solapada y de forma anónima por tratarse de un producto ilegal.

Las consecuencias de vapear
Desde la Asociación de Vapeadores del Uruguay apuestan a que los usuarios de los vaporizadores sean solo fumadores que dejen el hábito de fumar cigarro y lo suplanten por el vaporizador en un camino que consideran menos perjudicial para la salud. «No queremos que una persona que no fuma empiece a vapear ni que alguien haga las dos cosas», sostiene Miraballes y agrega que su intención es que el usuario deje de fumar mediante el uso del cigarrillo electrónico o vaporizador.

«La nicotina es opcional en los vaporizadores. La ventaja que tiene es que podés graduarlo», destaca Miraballes, el objetivo, dice, es reducirla paulatinamente hasta dejar de vapear. «Lo vemos como una herramienta para dejar de fumar, es 95% menos nocivo que fumar», argumenta el referente de Asovape.

La Coordinadora de la Unidad de Tabaquismo del Hospital de Clínicas, integrante de la Comisión Asesora de Control de Tabaco del MSP y también Profesora Grado 5 de Medicina Interna, Laura Llambi considera que el de los vaporizadores es un tema controvertido en la comunidad médica. En su visión, a medida que se obtiene evidencia se ha comprobado que no son inocuos. “Dañan a la salud y a la medida que su uso se hace más masivo, son más los daños que se les conocen”, asevera la experta. ¿Los vaporizadores conllevan menos riesgos que fumar? En diálogo con El Observador, Llambi confirma que circula esa cifra citada por Miraballes de que son 95% menos riesgosos que que el cigarrillo, sin embargo Llambi enfatiza que ese número sale de un artículo científico de muy mala calidad metodológica y «de una encuesta a profesionales que están vinculados a la industria de cigarrillos electrónicos».

En la misma línea desde el MSP los riesgos están aún en estudio, pero se considera que el cigarro electrónico provoca enfermedades graves.

«(El del cigarrillo) es un consumo que mata a la mitad de su consumidores y que después que está en el mercado hay que regularlo lo más posible, pero si aparece un nuevo producto, por razones precautorias no permitís que entren», afirmaron desde el organismo regulador y apuntaron: «En el caso de los cigarrillos, se empezaron a ver los daños muchas décadas después del comienzo de su consumo; el cigarrillo electrónico está en el mercado hace 10 o 15 años». En este lapso, según el MSP, ya se han demostrado daños respiratorios, incluso con enfermedades causadas de forma específica por cigarrillo electrónico, como la injuria pulmonar aguda por vaporizadores, además de daño cardiovascular y asociación con algunos cánceres.

Según Llambi, algunos estudios demuestran que podrían ser útiles para dejar de fumar el cigarrilo tradicional, pero en definitiva evidencian que quienes consumen el cigarrillo electrónico no abandonan la adicción a la nicotina, sino que suplantan uno por otro. “En la vida real en países donde está liberalizada su venta no se ven reflejados esos estudios, se ve incluso lo contrario que recaen por seguir con su adicción a la nicotina y con el tiempo vuelven a recaer en el cigarrillo tradicional», reconoce.

Finalmente Llambi pone el foco en aquellos jóvenes que no fuman y para quienes estos productos pueden resultar atractivos. “Hoy no es atractivo fumar para los jóvenes (en gran medida por la estricta regulación impuesta al tabaco), y sin embargo van a estar atraidos por una nueva puerta de entrada hacia la nicotina”, señala y concluye: ”Hay que tener en cuenta a todas las generaciones que no iban a fumar y que pueden estar ante un producto que los lleve a esta adicción”.